domingo, 15 de enero de 2017

La joven y el cerdo

El Poblado es un lugar, y perdón mi atrevimiento,
que no deja de sorprenderme.
 
 


 
Siempre he pensado que los seres humanos equilibramos nuestro estado anímico en función con quien nos juntemos. Puedes, un día, levantarte con un humor excelente que se vendrá abajo tras pasar la jornada con un deprimido crónico. Me ha pasado, y seguirá pasando.
 
 
Aquel día, mi estado de ánimo era más bien neutro. Este estado de ánimo es común a muchos yonkies, cuya máxima es pillar la dosis; luego, después de consumir, ya se verá.
 
 
Esa mañana, como os estaba diciendo, me senté en el pequeño banco del fumadero. Como si fuera un ritual abro la bolsita de la micra, tanteo los distintos tamaños de piedras; siempre está bien cuando empiezas. Está lleno de piedras, mini ilusiones.
 
Hay una persona a mi lado. Me suena su cara. No sé su nombre pero me suena su cara. Yo también le sueno a ella.
 
 
¿Qué tal? - me pregunta, - hace tiempo que no vienes por aquí.
 
 
Es el inicio de una conversación. Más bien, leves cimientos de lo que podría ser una conversación. En la mayor parte de los casos, la persona que te habla no busca más que migajas de piedad. Busca ser invitada. Uno, lamentablemente, empieza a saber las reglas del juego. Son pocas, sencillas. Así que lo primero que hago es comprobar si ella está o no consumiendo. Está consumiendo, podemos hablar.
 
 
Hablamos del frío, de las fiestas de Navidad, de la familia ... y terminamos desembocando en nuestras míseras vidas. No puedo evitarlo, la suya me afecta bastante.
 
 
Vamos a suponer que se llama María. Es joven, muy joven; demasiado joven. Tiene tan solo 19 años. Estando sentada junto a mí, puedo ver su extrema delgadez. Sus vertebras lumbares florecen por una espalda semidesnuda. Joder, con el frío que hace.
 
 
Tiene 19 años, y lleva 2 años enganchada. 2 años y ... no podéis imaginar su estado. La cara, como otras mujeres jóvenes, está picada; con puses. María está muy, muy delgada. Y bueno, según parece ahora está mejor, ha vuelto a vivir con sus padres. Una familia 'normal' en un buen barrio de Madrid, por la zona de Ibiza.
 
 
Se enganchó por su novio; él ahora está en prisión.
 
Me cuesta hacerle la pregunta. Es un doble motivo. Quiero preguntar sobre 'cómo' se las apaña para conseguir la droga. Tengo miedo porque la pregunta puede ser molesta, pero más miedo me da la respuesta. Es tan joven. Joder, 19 años.
 
 
María, ¿consumes mucho? - directo, al grano.
 
No, apenas 20€. 2 micras de cada. Hay días que no puedo, y en realidad aguanto. - me dice ella.
 
Tiene la cabeza baja, pero levanta la mirada. Mira fijamente a mis ojos.
 
 
Pero ... ¿Has llegado a irte con hombres por el dinero? - ya está, se lo suelto.
 
No, eso nunca lo haría.
 
 
Su voz era enérgica. Su rostro, sin embargo, acumula cansancio. Quizás no haya dormido, pero su voz ... era plena, directa.
 
Le agarro de una mano, sucia de tizne de la estufa. Le abro la bondad que todos tenemos y le hago ver mi esperanza. Joder María, tienes 19 años. Sólo llevas 2 años en esto. Puedes salir. Es que TIENES que salir.
 
 
Sé que mis palabras seguramente serán huecas, pero le hago ver, le recuerdo, los peligros de tener relaciones sexuales. La drogas, la adicción a la heroína hace que rebasemos aquellas líneas rojas que nunca hubiéramos pensado siquiera atisbar. No la jodas María. Por favor, no la jodas. 
 
Ella asiente, y me asegura que nunca ha estado con nadie. Bueno, hablando con hombres ..., eso si, muchas veces. De hecho ahora mismo, me percato, estamos hablando. La creo, y es que la heroína, en el adicto (varón), produce inapetencia sexual. La lívido la tenemos por los suelos. Ahora bien, en el Poblado no sólo hay adictos a la heroína. Hay más hombres ... son hienas, depredadores. Yo los veo, a veces, con sus coches; merodeando en busca de .... En fin, no hablemos más de esto.
 
 
Cambiamos el tema, pero no puedo ocultar que me siento un poco más aliviado. Me tranquiliza que no se haya prostituido. Seguimos hablando, seguimos consumiendo ... Ella quiere invitarme; yo ya no tenía dinero. Se lo agradezco, de verdad. Pocas veces me han tenido que invitar.  Ella se levanta hacía la ventana.
 
Hay una cosa curiosa, una virtud que escasea en el Poblado. Es la CONFIANZA. Yo lo noto. Lo noto cuando la otra persona se levanta, se ausenta y deja todo junto a ti. Su móvil, sus restos de micras, mechero ... Para mí, es de las pocas veces que me siento más o menos persona. Saber que no expreso desconfianza.
 
 
Pasa el rato y terminamos las micras. Hay que irse, yo al menos debería irme; quizás ella no tenga un horario, o algo parecido a un horario. No obstante, dice que también se va; y me pregunta si puedo acercarla a la parada del autobús; aquí cerca, pasada la rotonda.
 
María, - le confieso - yo apenas he montado a nadie en el coche. Pero si quieres, te puedo acercar a Madrid. De verdad, no lo digo porque me hayas invitado.
 
Claro que sí .. muchas gracias - me dice. Y es ahí cuando veo, en esa pequeña sonrisa, su juventud, su todavía inocencia. Es que podría ser mi hija.
 
 
Salimos a la calle, con un esbozo de sonrisa. Pero, cosas de la vida, acabamos tronchándonos de risa. Al lado del coche vemos un cerdo. Un cerdo vietnamita, suelto. No había nadie junto al cerdo.
 
Joder, - me dice María - ¿Lo metemos al coche?.
 
 
Jajaja. Obviamente era una broma, pero no deja de ser curioso. Otro episodio pintoresco, la dosis de surrealismo que hacen del Poblado un lugar, indescriptible. Cojo el móvil y le hago una foto. Hacer fotos en el Poblado no es la mejor de las ideas; pero no puedo evitar inmortalizar este episodio.
 
 
María me ha dado su teléfono; el fijo de su casa. Quiere ir al cine. Quiere ir a pasear. Quiere ir a visitar Segovia. Quiere todas esas cosas que nunca haremos, porque no somos personas normales. No ahora. Somos yonkies, y como tales, no tenemos planes.
 
Yo le digo que sí, que  llamaré.
 
 
Otra mentira más.
 

domingo, 1 de enero de 2017

Cayó el telón

Tenía mis dudas, pensaba que quizás...
y, efectivamente, algo  se sabía
 
 
 


 
Ha empezado el año. Son las 8:10de la mañana.
 
Hacía muchos, muchos años que no salía en la noche de Fin de Año. Quizás 5 o 6 años.
 
Hoy me animé, me animaron. Mis padres, mis amigos ... yo mismo. Era una bonita sensación. Si, había alcohol; pero no se atisbaba el oscuro horizonte de las drogas.
 
Son las 8:12 de la mañana. A las 7:00 estaba dejando a un amigo en la puerta de su casa, con una bolsa de churros. Un poco más tarde, aparcaba en el Poblado de Valdemingómez. Joder, ¿por qué ha pasado?. Absurda sinceridad, pero inequívocamente, necesaria.
 
 
Comenzó siendo una noche agradable. Los amigos, mis amigos de toda la vida. Y más personas, todos conocidos. Me saludan.
 
¡Hombre!, ¿Qué tal? - preguntan alegres.
 
Algunos, algunas, ya van más que bebidos. No pasa nada, estamos entre amigos. Nos contamos bromas, verdades, rumores, deseos. Hasta que el alcohol y la amistad, lo hicieron. Lo sabía, ... tenía mis dudas pero algo intuía.
 
 
Mi adicción a la heroína, muy pocas personas eran sabedoras del secreto. De mis amigos, ninguno.
 
Nunca lo dije, no quería. La razón, quizás no la sepa.
 
Mis amigos son ... son personas que siempre han estado allí. Para todo, lo bueno y lo malo. Pero, sobre este tema, no quise hacerles partícipes. Era ... era demasiado para ellos. O para mí.
 
 
Sin embargo, a veces, ... algunas veces notaba 'algo' en  sus miradas. Notaba en algunas miradas esa mezcla de sorpresa y miedo. Esa pregunta abierta, sin respuesta. Incrédulos ojos que posan verdades ocultas. ¿De verdad?, ¿de verdad?.
 
 
Hoy, esta noche, sucedió. Hablando de todo, de aquello y lo otro ... finalmente, él, un buen amigo me preguntó.
 
Y entonces - veo que le cuesta seguir - y dime, ¿tu exmujer en el juicio no sacó temas como...?
 
Cómo el qué - le pregunto. (por favor no sigas, no sigas).
 
Como 'drogas' - anota.
 
 
Ya está, por fin se confirma.
 
Lo sabe. Lo saben. Todo el mundo lo sabe. Cuando digo todo el mundo es literal.  Sin más. todo el mundo lo sabe.
 
Le confieso. En parte le cuento, le guío por donde yo quiero que vaya. Vagas respuestas.
 
Hoy no. Estoy algo cansado. Ni por asomo digo la cruda realidad.
Hoy no, quizás otro día. pero hoy no.
Hoy no.
Hoy.
 
Se me ha pasado el pedo en un segundo. Llevaba 4 copas y ... bluff!, se me pasó el efecto de Dionisio. Quedo pensativo. Voy al baño.  Dejo a un lado a Dionisio, empiezo a pensar en Morfeo.
 
Termina la noche, al menos para ellos. Ellos, mis amigos. Unas fotos de recuerdo. Unos churros, un chocolate.
 
 
A las 7:00 estaba dejando a un amigo en la puerta de su casa, con una bolsa de churros. Un poco más tarde, aparcaba en el Poblado de Valdemingómez. No pensaba empezar así el año. Con su dosis de miseria. Comedia de lo absurdo. Y encima, aparte, ... Bueno, otro día lo cuento. El Poblado siempre tiene su ración de sucesos. Siempre.
 
Bienvenido 2017.
 
Bienvenido.
 
 
 
 

jueves, 15 de diciembre de 2016

La alternativa

Sigo consumiendo, pero con un gran
pequeño  cambio.
 
 



 
Hoy hace 12 días que no consumo heroína. Un record, al menos de cara a los últimos 2 años.
 
Hace 12 días me gasté 40€ en el Poblado de Valdemingómez. Ese día, por esas pequeñas circunstancias que nos acontecen, la casa donde SIEMPRE compro estaba sitiada de Policías. No había más que 2 opciones:
 
1. Pirarse.
2. Ir a otra casa...
 
Sobra indicar cual fue mi elección, la de un yonkie. Bien, el caso es que arribé en una casa 'conocida', un poco más arriba de la Iglesia (Sí, hay una Iglesia justo en mitad del Poblado).
 
Me atiende un chico, no es de etnia gitana. Le pido 8 micras de heroína, 40€. De repente, mientras lo preparaba, me vino un olor a marihuana impresionante. Este chico estaba fumando un porro.
 
Yo no fumo tabaco, ni tampoco marihuana. Pero no sé, fue un impulso. Le pregunté si vendía 'María'.
 
¡Claro tío!, ¿Cuánto quieres? -  me pregunta.
 
Siendo así, le pido me diera 30€ de heroína y 10€ de marihuana.
 
 
Hace 12 días me fumé 6 micras de heroína, que son 30 euros. Lo consumí en apenas 40 minutos. Como si nada, no me hizo efecto alguno.
 
Hace 12 días, después de la heroína fumé un poco de esa María, mezclada con tabaco. La sensación que tuve a los 5 minutos.........
 
 FLOTABA.
 
 
10€ de marihuana. He fumado 'María' cada 3 días. De esos 10€ de marihuana me sobran ... más de la mitad todavía.
 
 
De momento, he dejado de ser un yonkie para pasar a ser un 'porreta'. No me lo creo todavía.
 
Mañana salgo a ver a mis hijos. Eso significa que estaré 5 días adicionales sin consumir heroína. Serán 17 días, porque allí es imposible encontrar heroína.
 
 
 
No lo negaré, estoy contento. Joder si estoy contento.
 

sábado, 26 de noviembre de 2016

La soledad

Cogemos la moneda. La ponemos sobre la mesa
y, ¡¡A girar!!.
 
 


 
Eliges cara.
 
Y sale cruz.
 
 
Son las 3:00 de la mañana. Hace veinte minutos que he regresado del Poblado. Un viernes por la noche y tengo la genialidad de ir al Poblado. De milagro no ha pasado nada. De milagro.
 
A las seis de la tarde, de hoy, comentaba en el anterior post que esta noche no iba a consumir. ¿Veis la realidad?. Aquí tenéis lo que vale mi palabra. Sin engaños, así es.
 
 
Me duele mucho la cabeza. Estoy cansado, muy cansado. Y estoy solo.
 
Schopenhauer, un filósofo alemán, decía:
 
 
“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.”
 
 
La soledad ha empezado a formar parte de mi vida. Quizás sea ahora cuando de verdad me veo así, solo. No me quejo. Tan sólo declaro que es ahora cuando percibo mi presente y, casi seguro, futuro.
  
Nunca he vivido tan solo como estos últimos 3 o 4 meses. Salvo el momento en que voy a comer con mis padres, el resto del día (que no trabaje) me encuentro solo. No sé si me gusta. Creo que lo que me gustaría es poder compartir mi soledad. Es difícil de explicar. Me gustaría poder estar con otras personas sin interferir en sus vidas. Estar ahí, sin generar un problema.
 
Suena ilógico.
 
 
Hace unos días, en el trabajo, tuve que pasar unas horas con un compañero de trabajo. Por regla general, las noches las paso solo (para variar). Ella, mi compañera, empezó a relatar sus últimas aventuras con gente que contacta por Internet. Sonaba como si estuviera un poco cansada de 'lo mismo'. No encontraba ... lo que buscase. Eso sí, me dejó claro que no puede vivir sola. A día de hoy comparte piso con su hermana, y ahora también con su hermano.
 
Yo, le confesé mi soledad. Aparte, y ante su pregunta de si me 'apunté' en alguna página, le hice ver el error que cometí al apuntarme en portales de contactos. Fue un tremendo error.
 
Ella, mi compañera de trabajo, no sabe de mi adicción. Dejando esto aparte, que no es poco, mi vida es:
 
- Trabajar 15 días en turnos de día, noche, fines de semana, festivos...
- De los días que libro, intento 4 o 5 días viajar para visitar a mis hijos. Cada mes.
 
Con todo esto, ¿es justo pretender que alguien comparta su vida conmigo?. Nada menos que su vida. No hablamos de un momento, o ver una película, o tomar una caña. Hablo de compartir una vida.
 
 
Mi ideal de familia, de vida en común, es al menos cenar todos los días con tu mujer, tus hijos. Estar ahí, a su lado. O al menos intentarlo. Es mi ideal, reflejo de una infancia en el lago de mis deseos.
 
¿Yo qué puedo dar?. Déjalo, ya te contesto:  ¡Una mierda de vida!. Es así.
  
Lamento profundamente haberme apuntado a este portal de contactos. Haberme enamorado para al final, después de llenar de basura a una mujer maravillosa, irme como un cobarde. Reconociendo el error, ... hasta debiendo dinero. Debiendo dinero, como un yonkie de manual.
 
 
Me llaman, me escriben WhatsApps, mensajes de texto. Y yo, callado, oculto; escondido en mi cobardía. Afianzando los cimientos de esta soledad.
 
 
“Como el águila, las inteligencias realmente superiores se ciernen en la altura, solitarias”.
 
 
Lo siento Schopenhauer, no me vale esto que dices.
 

viernes, 25 de noviembre de 2016

La multa

Tenía que pasar,estaba claro.
Tenía que pasar; y pasó.
 
 

 

Tarde o temprano me iban a pillar. Se denomina estadística, por probabilidad, varianza, mediana. desviación ... Realmente, se llama: te han puesto una multa. Te han cogido
 
Sucedió hace unos días, justo 3 días previos al viaje. Yo  estaba allí, en el Poblado. Eran las 11:10 de la mañana, una hora ni muy tarde ni muy temprano. Tenía previsto entrar y salir. Ni podía, ni quería estar allí mucho tiempo.
 
 
Daban igual los planes. No pudo ser.
  
  
Eran  pocos los coches allí aparcados. Junto con el mío, cuatro o cinco coches.  Estábamos aparcados cerca de la 'casa'. Yo estaba dentro, esperando a ser atendido, cuando oigo. ¡¡ 'Popeye' !!.
 
En el argot del submundo del Poblado, hay unas palabras que indican que está la Policía. 'Popeye', 'Brutus', 'Olivia' ... Yo, la verdad, no sé a día de hoy su significado exacto. No las distingo. Sólo conozco la relación de esas palabras con el hecho de que la Policía  está justo pasando frente a la casa. Puede ser la Policía Local, Nacional, Secreta, G. Civil; esa exactitud, ya no sabría decir. El caso es que cuando oyes esta palabra, hay que bajar la voz,  y esperar a escuchar: ¡¡ 'Limpio' !!.
 
Ese día la esperada palabra, 'limpio', tardaba en llegar. Pasaban los minutos y nada, que no la decían. Ya me empiezo a poner un poco nervioso y salgo a preguntar.
 
Justo cuando iba a preguntar, abren la puerta y nos dicen que se puede salir corriendo. Yo no quería irme, sólo quería preguntar. El caso es que la marea humana me sacó de la casa, afuera, a la calle
 
Estando ya en la calle, pude ver como los policías iban acercándose a los coches. Se acercaban al coche y hablaban con los ocupantes. Llegados a este punto, yo ya estaba acobardado.
 
Me hago el distraído y me pongo a caminar al lado contrario respecto a donde tenía aparcado el coche. Esperando que se fueran de allí. Como me hicieran soplar, vamos no quería ni pensarlo.
  
Para 'arreglar' más la situación, ese día, en ese momento ... descubrí la ruindad y miseria de aquel gitano responsable de la entrada a la 'casa'. Vi que la fidelidad no existe para ellos, no significas nada.
 
Yo, no quería mover el coche, ni tan siquiera ir hacia donde estaba. Pero al gitano, YO le daba igual. El gitano lo que quería era tener pocos coches junto a su casa. Paradojas de la vida, quieres que te compren, pero no quieres que te comprometan.
 
 
¿Tienes todo bien, maestro? - empieza a preguntar el gitano.
 
Si, claro - respondo - No tengo problemas con el seguro, ni multas, ni nada.
 
Ya - me dice él - Entonces, si quieres, puedes ir al coche y salir.
 
 
Joder, que brillante idea. Ir al coche y salir por el control que habían montado. Vamos que es evidente que no existe excusa alguna. Arrancaría el coche y en apenas 10 metros, me metería en un calvario de pruebas de drogas, pérdida de puntos, ...Joder, ¿Cómo coño me dice esto?
 
 
Entonces, ¿no tienes prisa hoy? - sigue insistiendo - porque si tienes todos los papeles, puedes salir.
 
Ya, ya ... no te preocupes, hoy no tengo prisa - le contesto.
 
 
Y era mentira, ese día se me juntó todo. Tenía que haber salido de allí hace media hora al menos. Joder, no se van. Encima ... joder, encima viene una grúa. ¡Madre mía!.
 
Me fui andando de allí. Creo que era la primera vez que me movía por el Poblado sin la virtual seguridad del coche. Lo tuve que hacer porque no sé si podría seguir aguantando al gitano de la puerta. Yo, tengo una personalidad dócil. Si el gitano hubiese seguido insistiendo, al final me hubiera montado en el coche; derechito al 'suicidio'. Así que opté por hacer tiempo y regresar pasado unos minutos.
 
 
 
Cuando volví, todavía estaba la Policía. Pero no quedaba más coche que el mío. El mío y el furgón de la Policía. ¿seré yo el siguiente?. No, espera. Parece que se van. ¡¡Si, se van!!.
 
 
Empiezo a respirar.
 
 
El gitano, ahora que parece que la Policía se marcha, empieza a decirme que hice bien en esperar. Argumenta que lo anterior me lo dijo por si tenía problemas con el seguro, etc ... que entonces la Policía no se iría así como así y, claro, el negocio. El puto negocio.
 
 
Bueno, ya me voy - le dije - Gracias. - siempre agradeciendo, a unos y otros. Siempre aguantando de todos. Sea quien sea.
 
 
Yendo al coche, un machaca que estuvo cerca de todo aquello me dijo que menos mal que no cogí el coche. A todos los conductores les hicieron tests de drogas. Dos coches se los llevó la grúa.
 
 
Has hecho lo mejor - me dice con media sonrisa, o eran los dientes que le quedan - Te has librado de una buena, amigo.
 
 
Estoy como en una nube. Ya no está la Policía, pero no sé si estarán en la entrada de la rotonda. Tengo otra vez esa sensación de miedo, un miedo que me hace sentir un frío interno. Acoplado en los huesos, en las células. Un frío determinado por el miedo, por mi debilidad. Se me encoge el estómago. 
 
Finalmente me monto en el coche, hay que irse de aquí ¡ya!. Y es ahora, justo ahora, justo cuando estoy dentro del coche, cuando me doy cuenta de aquel papel amarillo. Es una multa.
 
La multa está parcialmente rota. No aprecio a distinguir el motivo. Tampoco el importe logro distinguirlo con claridad. Creo que son 200€.
 
 
200€. ¿Cómo voy a pagarlo?.
 
 
En fin, ya veré como lo hago. Lo primero es salir de allí. Además, creo que es justo, me lo merecía. Y, por supuesto, pudo ser muchísimo peor. Otra vez suelto mis pensamientos a lo más negativo. Da igual, la heroína está vacunada frente a los problemas. Ella puede con todos, es la Reina de los problemas.
 
Esto que me aconteció, la multa, hizo que parara de consumir por 11 días. No recuerdo la última vez que estuve este tiempo sin consumir. Me he sentido bien, muy bien en este periodo. He llegado, bueno casi he llegado económicamente a fin de mes. Tiene tan buena pinta la vida sin heroína. Merece la pena. Realmente merece la pena estar en la vida, ser parte de ella.
  
11 días duró. Hoy, aquí estoy. Vuelves a consumir, por el más nimio de los motivos. Por la falta de esperanza, de apoyo; digamos, por todo un poco. No obstante, no quiero tirar todo y recaer a lo bestia. Hay algo en la recaídas, en su bajada a los infiernos, que parece que dispones de bula para consumir sin parar, para destruirte rápidamente. A todos les pasa, a mi también.
 
Pero no. No esta vez. He vuelto a consumir, vale así ha sido. No lo puedo negar, pero  mañana no tengo porque consumir. Ni esta noche. Sé que no va a pasar; que puedo parar y empezar a juntar días. Intentar ir enlazando días, con la fragilidad de una voluntad quebrada, sin ilusiones. Es así, pero algo puedo conseguir. Por poco que sea, 1 día: es una victoria.
 
 
 
Tengo mis libros, mis películas, mi chimenea, mis sueños, mis recuerdos. Me tengo a mí. Hoy toca cuidarme.
 
 
 
 

domingo, 13 de noviembre de 2016

En respuesta a ...

En respuesta a mis preguntas, a la de otros
y a la tuya: Invitada.
 
 



Hola Invitada,
 
Gracias por escribir. De verdad te lo digo.
 
He leído el artículo. También he pensado sobre tu pregunta, sobre si me considero un enfermo. Te voy a narrar un poco, sobre mi pasado, sobre como era yo. Quizás ahí se encuentren algunas claves. No quiero que suene a pedantería, pero algo en mí es distinto a otras personas. Una de estas diferencias es mi forma de pensar, y entre otras facultades mi, vamos a llamarle, intelecto. Lo que quiero, con esto, es plasmar que no tiene nada que ver el grado de formación, o las capacidades intelectuales para caer en esta adicción.
 
 
Recuerdos de mi infancia tengo pocos, muy pocos; y no sé la razón. Recuerdo a mis padres volcados con mi hermano, en sus tareas, en el día a día escolar, para que mal que bien pudiera ir aprobando. Yo en cambio iba por libre. sacaba casi todo sobresalientes y notables. Me daba lo mismo matemáticas que latín, me gustaba todo. También el dibujo. Gané un premio nacional de pintura, me gustaba y me gusta dibujar. Otra cosa que se me daba bien era la música. Participé en un disco, en un estudio de grabación profesional para una editorial de libros muy famosa. Así era mi infancia. Una infancia muy feliz, sobretodo por ver como llenaba de alegría a mis padres; o al menos equilibraba la balanza. Yo, en realidad, no le daba mucha importancia a todo aquellos, y apenas he hablado sobre esto.
 
Cuando entré a la Universidad, empezaban planes nuevos. Yo no tenía nada claro que estudiar. Me gustaban demasiadas cosas. Tampoco tenía la típica idea de: "Yo de mayor quiero ser ..." 
 
Sin saber muy bien la razón, elegí una ingeniería. Cuando entré a la Escuela, en primero lo comenzamos 300; al terminar, en quinto, éramos 14. Sólo 14 personas fuimos a curso por año. Podéis imaginar el nivel de esas clases. Un nivel altísimo, dado que para los profesores 14 alumnos por aula era un privilegio. Aparte, los alumnos estaban muy motivados,  volcados al cien por cien en la carrera.
Bueno, en realidad 'no todos' estaban volcados en la carrera. Estaba yo, que 'compaginaba' trabajar con los estudios. De noche trabajaba en unas empresa de redes de comunicaciones. Era una especie de 'técnico de nivel 1'. Trabajaba por las noches, de 23h a 7h. Luego cogía el Vespino y directo a clase. Dormía 3 o 5 horas, depende si tenía laboratorio. Me eran suficientes.
 
Total que acabé con una ingeniería técnica y luego una ingeniería superior. También tengo la mitad del grado de Químicas, pero eso es otra historia.
 
 
Sé que no soy superdotado; porque en la escuela tuve a un compañero superdotado. Acabó siendo mi compañero de laboratorio. Pocos querían estar con él, y conmigo tampoco, porque al trabajar de noche tampoco tenía mucho tiempo para preparar las prácticas de laboratorio. Así acabé con este compañero que, seguro, era superdotado. Y créedme, se nota. Se nota principalmente en la complejidad, en su mundo. Un mundo tan distinto al nuestro, que en cierta manera me tranquiliza ser normal.
 
Así era yo. Más o menos como todos, pero muy inquieto a la hora de saber, conocer nuevas experiencias. Con miles de ideas en la cabeza. Sólo buscaba enriquecerme descubriendo por mí o por medio de otros; por raras que fuesen o pareciesen, para mi tenían su importancia.
 
 
Terminé los estudios y pasé pruebas para trabajar en Intel, en Irlanda. También pasé los cortes de las principales consultoras de ingeniería... Rechacé todos esos trabajos. Los rechacé porque me salió la oportunidad de trabajar en Vietnam, me cogieron porque hablaba francés.
 
 
En resumen, justo antes de conocer a mi exmujer, me veía como una persona que conduce a 300km/h en autopista, con un Ferrari. Mi vida no era salir con los amigos hasta las tantas, o practicar deportes, o hobbies. Mi vida en aquel entonces era, sobretodo, aprender y aprender. Fuera lo que fuera.
 
Nunca tuve novia hasta antes de casarme. Mi primera novia fue mi mujer. Tendría casi 27 años en aquel entonces.
 
A ella, a mi exmujer,  no quiero reprocharle nada. Pero me cambió por completo mi vida. Digamos que tiró fuertemente del freno de mano, de aquel coche que iba a toda velocidad. Pienso que no salió bien. Mis excentricidades, mi forma de ser ... chocaban frontalmente con ella. Éramos totalmente incompatibles. Pero yo no pude dejarla tirada; porque ella aquí no tenía nada, ni nadie. No tuve valor. Y lo pagué, lo pagamos, muy caro.
 
 
Antes de la heroína, entraron en mi vida otras substancias 'legales'. Eran medicamentos que me hacían la vida más ... digamos que compatible con el status que marcaba mi matrimonio.
Yo era plenamente consciente de lo que eran, de sus efectos. Sabía perfectamente que era un receptor opioide, su relación con la dopamina. Su posible adicción. Toda la teoría le sabía al dedillo.
 
Me faltaba la práctica.
 
 
La práctica es el infierno. Un infierno que duele, por dentro y por fuera. Que arrasa con la belleza de la vida; de la tuya y de los demás.
 
 
No sé como parar. Y quiero parar. Créeme que quiero parar, pero ... hay que personas que dependen de mí. No pretendo escudarme en ello, pero es así. 
 
No puedo dejar el trabajo, sencillamente no puedo dejar el trabajo e ingresar en un centro. Mis hijos dependen en gran parte de la pensión que les envío.
También están mis padres, ya mayores. Una noticia de estas, les hizo un daño terrible. Otra vez, no sé si podrían soportarlo.
 
Así que ... busco, a mi manera, algo que me atrape, que me apasione de tal forma que me olvide de todo. Que me nuble las noches, que me haga dedicar todo mi tiempo.
No sé que es ... pero tiene que existir, lo presiento. Lo necesito.
 
 
En unas horas salgo a ver a mis hijos, con miedo, con inquietud. Cada viaje es un reto, en todos los sentidos.
 
 
Muchas veces, he pensado en dejar esta vida. Ahora, un poco menos ... pero es duro ser como soy. No quiero ser así.