domingo, 14 de mayo de 2017

Hábitos y costumbres.

Todo aquello que rodease a esos momentos,
hay que eliminarlo.



En estos años de consumo, he contado y cuento con el inestimable apoyo de Instituciones Públicas (concretamente del ámbito local)  que, con mayor o menor acierto, buscan que puedas abandonar el consumo de la Heroína.
 

 
Por resumir, haremos el ejercicio de sintetizar su campo de acción en dos:

1.Estado Físico . Encontrar un 'sustituto' a tu adicción, a la adicción de opiáceos. Y que mejor que, otro opiáceo. (Metadona, Buprenorfina,..)
 
2.Estado Emocional . Sesiones con un psicólogo. Repartir las piezas del puzle que conforma tu cerebro, e intentar que salga la imagen deseada de ti mismo (deseada por ti o por otros).
 
 

En mi caso, a día de hoy sólo mantengo una regularidad en la parte 'Física'. Básicamente tratamiento con medicamentos para, en lo posible, mitigar el consumo de heroína. Un tratamiento sustitutivo de la dependencia a opiáceos con Suboxone, cuyo resultado es apreciable en un consumo más de tarde en tarde. No voy a engañarme, ni ha engañaros. No he dejado de consumir, pero si reconozco que he espaciado mucho dicho consumo; siendo 'mucho' un término subjetivamente optimista.
 
 
Sin embargo, he de reconocer que las sesiones con la psicóloga no tuvieron la misma regularidad. De hecho las abandoné hace mucho tiempo.¿ Motivos?, pues quien sabe; un poco de todo. De todas formas,  consideraba, y considero, que una sesión de 45 minutos cada mes para combatir la adicción ... es poco. Muy poco frente a un enemigo como la Heroína. Además, en mi caso personal, no había espacio para trabajar en la reinserción de casi nada. Yo tenía, y tengo, un trabajo estable. También tengo ocupaciones en mi tiempo libre. La lectura, y sobretodo devorar películas (al día, 1 o 2 como mínimo). Tampoco podíamos trabajar en mi círculo de amistades y conocidos, dado que no tienen que ver para nada con la heroína. Y, bueno, poca cosa más podemos decir.
 
 
Bueno, si. Hay una cosa a tratar. Son los 'pequeños' hábitos adquiridos durante el consumo de heroína; siendo la música que escuchaba mientras consumía, uno de los más importantes.
 
 
Cargada de razón,  la psicóloga del centro, me animaba a que identificase aquellas canciones que me han acompañado en mis solitarios consumos de heroína. Las canciones, los lugares, las personas ... podrían ser catalizadores de recuerdos que empujen al deseo de consumir; máxime cuando ya de por si. es muy fácil recaer sin motivo alguno.
 
 
 
Algunas de las canciones que, supuestamente, tendría que dejar de escuchar son:


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La verdad, he vuelto a escucharlas y no han producido más o menos impulsos por consumir; o quizás, es lo que yo quiero pensar y desear.
 
 
 
 
Por último, os dejo con esta canción. Nada más, ni nada menos que 'la canción' que me acompañó la primera vez que consumí Heroína. Solos los tres: la música, la heroína y yo, mísero títere del destino. Sin otra compañía que furtivos ruidos de una modesta pensión en Chueca.
 
Lejos de todo, de todos ... principio de nada.


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miércoles, 5 de abril de 2017

Se veía venir

Es un denominador común, y daba igual
que rezases para que no sucediera. Y es que, se veía venir.
 
 

 

 
Recuerdo esas primeras veces en que ibas al Poblado. Ese miedo aterrador, a todo. Absolutamente a todo lo que formaba ese submundo.
 
Miedo de los gitanos. Miedo de los machacas. Miedo de los perros, las jeringuillas. Miedo de esas miradas, esas preguntas.
 
Esas primeras veces, actuabas como un fantasma. No existías. No tenías nombre, no tenías voz. Sólo tenías pánico de aquel ambiente, tan desconocido para ti.
 
 
Y pasa el tiempo, en escala de meses. Y, mira tú por donde, aquel lugar comienza a parecerte no tan extraño. Te encuentras, ¿la palabra es bien?. Cierta sensación de comodidad. Y es aquí cuando te descubres escuchando las historias más alucinantes que te pudieras imaginar. Poco a poco, te atreves a ser tú, ante el lógico asombro de los demás.
 
 
Ya no vas al Poblado a pillar e irte; ahora pillas y, te quedas.
 
 
Pues es entonces cuando en un día como hoy.....
 
Hoy estaba previsto ayudar a una amiga con un asunto familiar. Al final no pudo ser, no a esa hora que en principio quedamos. Lo siento mucho ... porque me gusta ayudarles, me viene muy bien. Lo siento por ellos; pero también lo siento por mí.
 
Y es que entonces, ya estaba 'libre' y 'sin control'. A las 4:30 de la mañana me encontraba en el Poblado. Hay pocas personas. Del grupo que formamos, el único discordante era un chico que recién acababa de salir de la cárcel, según nos contó por bastante tiempo. Le intentamos tranquilizar respecto a su forma de actuar. Está totalmente a la defensiva, buscando la confrontación, pidiendo -cuasi exigiendo- sin parar ... y así, así aquí no sacará nada.
 
Asombrosamente. al final, el chico acaba más o menos disculpándose y ya, mucho más tranquilo, forma parte de nuestra conversación. Creo recordar que éramos un chico argelino, una chica rumana, dos españoles y un ser no identificado que dormita en el suelo. El chico de la cárcel denota un bajo nivel cultural, pero no interrumpe y escucha. Hablamos de idiomas romances, entre ellos el rumano. me aventuro a preguntar a nuestra interlocutora rumana acerca de Moldavia. Su reacción me sorprende. Ella considera a Moldavia poco más o menos que una mezcla de paletos a medio educar. Ante esta encendida respuesta, me guardo las ganas de saber sobre el territorio moldavo de Transnistria. Si algún día vuelvo a ser normal, quisiera visitar ese territorio tan singular. Aquí, en nuestra Europa.
 
 
De un tema a otro. Hablamos de Historia, de la historia de Argelia. Su sangrienta guerra con Francia. Este chico argelino considera un error abandonar la cultura europea. Me acuerdo de esa GRAN película: 'La Batalla de Argel'. Veo que es buena persona nuestro argelino, lástima que aparte sea  alcohólico - de vino de cartón-, y consumidor de cocaína. Una mezcla poco 'cool'. Pero chico, que son ya casi las 6 de la mañana. ¡Qué más quieres!
 
Empecé a las 4:30 y son las 7:00. Salgo pitando. Tengo confirmada asistencia  a un evento. Unas ponencias, en formato breve, a priori  muy interesantes. Versan sobre el futuro tecnológico, revolución industrial (creo que vamos ya por la 4.0 o así).  Un futuro que, según parece, ya  está aquí.
 
Aquel ambiente tan activo, realmente anunciaba un futuro que se encontraba ya allí, en ese salón de actos inmenso. Yo,  un yonkie, también me encontraba allí. Entre ponencia y ponencia, charlaba con mi compañera de butaca. Recién presentados hablamos de plataformas de comunicaciones. En seguida veo que ella deja ver un perfil más hacia el marketing. Yo lo tengo claro:  tiro a lo técnico; puro y duro.
 
No me quedo hasta el final del acto. Aprovecho media hora antes y de nuevo me paso por el Poblado. No más que una breve visita. Es cuando descubro que no he comido todavía. Bien, vamos para casa, comemos algo y a las 16:45, de nuevo en el Poblado.
 
Entro en una casa no muy habitual. Parece ser que la casa de siempre, donde siempre acudo, tiene un pequeño desencuentro con la Policía; no se puede pasar. Bueno, hago tiempo en esa otra casa.
 
Allí, me reconoce una chica, más bien una mujer. La recuerdo de alguna madrugada. La recordaba fuerte de ánimo, alegre ... hoy no está así. Nos saludamos, y aparte de su tristeza veo también que es muy guapa. Es normal que estos detalles sean totalmente prescindibles para un adicto.
 
Me cuenta, me confiesa que está muy cansada. Ha tocado fondo, lo va a dejar. Lo va a dejar de verdad. Me habla de un Centro; ya está todo preparado. Me habla de esperanzas, de estar limpia, de estar con sus hijos. Y aquí, aquí rompe a llorar como si no hubiera mañana. Me abrazo a ella y sé, porque lo sé, que va a salir. Apenas lleva tiempo enganchada; eso sí, la velocidad a la cual ha tocado fondo, es increíble. Pero, de verdad creo que lo va a conseguir.
 
Nos despedimos, aunque no del todo. Nos emplazamos de aquí a un par de días, antes de que se vaya. Yo, no sé porque digo nada. Un yonkie no cumple ese tipo de compromisos. Pero bueno ...
 
 
Son las 18:00. Según parece, el debate o lo que leches esté pasando entre la Policía y esa casa, va para largo. Voy de visita a otra casa. A saludar, y a pillar.
 
En este sitio, me encuentro con unas personas ... No puedo decir nada, porque es más que probable que pudiera alguien deducir quien es. El caso es que, dicha persona me deja totalmente maravillado con el tipo de trabajo que realiza, Y hablo de un trabajo normal y corriente. Aunque la verdad es que las anécdotas, buenas y malas, y un escenario como Madrid, visten a este trabajo con un perfil totalmente desconocido por mí.
 
Ya casi las 19:00, por fin la Policía termina lo que estuviera haciendo. Entro, saludo y de nuevo me encuentro metido en una conversación de lo más normal, entre unos y otros. Todos ya conocidos.
 
 
Uno es de Ecuador, otra de Rumanía. Marruecos. Españoles, españolas. Han estado en la cárcel, la mayoría. Divorcios, hijos. Alguna risa, así de repente. Asombro, bastante, ante mí. ¿tú qué haces aquí?... De nuevo, descubro como enseguida unos y otros confían de mí. Van a mear, a lo que fuere ... me dicen -'Por favor, échale un ojo'. Me gusta que desprenda esa señal de confianza. Hace que me reconozca, en parte.
 
 
El Poblado. Engancharte al Poblado.
 
Y ... se veía venir. 

domingo, 12 de febrero de 2017

El Paseo

Son las 11:00 de la mañana, acabo de volver del Poblado
Tengo que dormir, pero también dejar constancia.
 
 
 

 
Tantas y tantas veces que juegas con la suerte. Arriesgas, por la adicción. Te la juegas, y hasta ahora más o menos bien.
 
Hoy, sin embargo, no me la jugué. No quise arriesgar. Y me alegro, ¡Vaya si me alegro!.
 
Seguiré en otro momento ... pero al menos, escribir que estoy aquí.
 

jueves, 2 de febrero de 2017

El Sabio

Sólo el sabio se ve firme y constante. Veneno, cuerpo, presas, 
fuerzas, uñas; y  garras gruesas.
 
 



 
De vez en cuando, muy de vez en cuando, descubres en este submundo de la Heroína a ciertos personajes que dejan un pequeño poso de validez. Hacen que no pierdas esa capacidad de asombro.
 
 
Llegué al Poblado a pillar, como tantas otras veces. Vas a  la ventana, compras y, con las micras entre los dedos, te giras buscando con la mirada un sitio donde poder sentarse. Sentarme y fumar. Fumar y olvidar. Allí al fondo veo un sitio.
 
Me siento junto a una persona cualquiera, no le presto mayor atención. Empiezo a fumar esa primera micra, expulso el humo y queda la mirada fija en el suelo. Fumo sin pensar en nada, o en casi nada. Algo me llama la atención:  los zapatos del vecino. Son unos zapatos tipo botines, muy limpios y relucientes. No suele ser muy normal encontrar alguien aquí con este tipo de calzado.
 
La curiosidad vence. Subo la mirada y encuentro a un hombre de unos cincuenta o sesenta años. Esta absorto en la lectura de un periódico; parece más bien, un suplemento cultural. Está leyendo, pero también subraya con avidez párrafos y párrafos. Un bolígrafo en una mano, una pipa de heroína en la otra. La forma en que subraya, tan compulsivamente, indica a priori que podría tener algún problema mental.
 
 
No sé la razón, pero le pregunto.
 
¿Qué?, ¿Subrayando para el examen? - menuda chorrada de pregunta. ¿Por qué le he dicho tal parida?. Me arrepiento un poco, porque suena a querer burlarme de una persona con problemas.
 
Él deja la lectura. Me mira a través de unos gruesos cristales. Esboza una sonrisa y empieza la lección.
 
Este artículo es  realmente maravilloso - contesta - Toda una suerte haber encontrado este suplemento tirado. Verdaderamente, la gente no conoce el valor de las cosas.
 
 
Me sorprende su contestación, veo algo distinto en esta persona de gruesas gafas y zapatos relucientes. Estoy en lo cierto, cada minuto que pasa, descubro que tengo ante mí un hombre muy cultivado. La cosa cambia y ahora tiene pinta de ser profesor o catedrático. De todos modos, de vez en cuando, también deja escapar brillos de una sutil locura. Una locura quizás no comprendida por una mayoría excluyente.
 
Me habla de Carl Jung, un discípulo de Freud. Yo le confieso que apenas recuerdo algo de filosofía. Sé que Jung existió, poco más. Mi falta de conocimientos no es ningún inconveniente. Empieza a contarme sobre el inconsciente colectivo de Jung, frente al inconsciente personal de Freud. Contrapone, más bien amplía, la idea de Freud que todo deriva de un comportamiento sexual. Hay otros factores, apunta. Sigue hablando de filosofía, de hábitos. A veces habla de drogas.
 
 
Pasa el tiempo. Compartimos ideas, conceptos; alguna ida de olla. Me percato que, quizás por primera vez, creo que no he hablado de la miseria y la ruina a la que la droga nos ha llevado. Es más, lejos de lamentarnos, cada uno hemos ido comprando micras sueltas durante este rato. Pero esas micras, las comprábamos y compartíamos. Dejamos la bolsita abierta, sobre el banco, e íbamos cogiendo según apetecía. No hay sensación que uno se aproveche del otro. No llevábamos la cuenta, por así decirlo.
 
Seguimos hablando y hablando; sobretodo él era quien más aportaba.
 
A nuestro lado se sienta otra persona. Una mujer, también podría tener cincuenta años. Hace un amago de conversar con nosotros, pero al rato se descuelga. Nosotros seguimos.
 
De la filosofía pasamos a las matemáticas. Hay un tema muy interesante: la historia de los números primos. Los números primos es uno de los misterios más asombrosos de las matemáticas; pero más aún son sus matemáticos. Me cuenta la historia, en parte conocida, del monje Marsenne. Desde su celda en París, el monje Marsenne creo la Academia de las Ciencias de Francia. Toda, o casi toda la documentación son cartas, correspondencia que mantenía con otros personajes como Pascal, Descartes,... Otro matemático, excéntrico de verdad, fue Napier. Por el nombre de Napier quizás no os suene mucho. Más os sonará por Neper;  hablamos de los logaritmos neperianos. Neperiano viene de Napier. Este matemático se hizo construir un castillo y, en su interior, pasó gran parte de su vida dedicado al estudio de las matemáticas. Las pocas veces que salía a recibir a las visitas, lo hacía vestido de negro llevando consigo un gallo, también negro, posado sobre su hombro.
 
De las matemáticas, pasamos a conversar sobre química; concretamente sobre drogas. Le hago saber las curiosidades de la dimetiltriptamina, o DMT. Es también llamada la molécula de Dios y bueno ... seguimos hablando de esto y lo otro.
 
 
Pasa el tiempo. Me tengo que ir; no quiero, pero tengo que irme. Él, pregunta si puedo acercarle con el coche a Madrid.
 
Lo siento - le contesto con verdadera pena. Pena y algo de vergüenza. Le hago sabedor de mis temores a ser parado llevando a otra persona. Realmente tengo pánico a ello, pues en los últimos días la Policía ha realizado una verdadera sangría a las llamadas "cundas". La cunda es un coche que hace la labor de taxi de la droga. Lleva a yonkies de la ciudad al Poblado, compran, se ponen y vuelta a Madrid.
 
 
Él, se disculpa conmigo. Se siente muy mal por ello. No quería haber abusado de mi persona, tan solo quería seguir hablando. Joder, nos sentimos los dos mal por esta situación. Pero no pasa nada. Ambos nos damos por satisfechos de haber compartido un momento tan maravilloso. Lo digo de verdad, hacía tiempo que no escuchaba a una persona hablar de todo, con pasión.
 
Me voy, con esa sensación de haber descubierto a una de esas personas que, cuando se mueren, dejan un hueco que nadie reemplazará. Me viene a la mente ... amigos, familiares, vecinos. Todos ellos especiales, únicos y tan distintos.
 
A veces, me siento tan extrañamente solo.
 
 
 
 
 

domingo, 15 de enero de 2017

La joven y el cerdo

El Poblado es un lugar, y perdón mi atrevimiento,
que no deja de sorprenderme.
 
 


 
Siempre he pensado que los seres humanos equilibramos nuestro estado anímico en función con quien nos juntemos. Puedes, un día, levantarte con un humor excelente que se vendrá abajo tras pasar la jornada con un deprimido crónico. Me ha pasado, y seguirá pasando.
 
 
Aquel día, mi estado de ánimo era más bien neutro. Este estado de ánimo es común a muchos yonkies, cuya máxima es pillar la dosis; luego, después de consumir, ya se verá.
 
 
Esa mañana, como os estaba diciendo, me senté en el pequeño banco del fumadero. Como si fuera un ritual abro la bolsita de la micra, tanteo los distintos tamaños de piedras; siempre está bien cuando empiezas. Está lleno de piedras, mini ilusiones.
 
Hay una persona a mi lado. Me suena su cara. No sé su nombre pero me suena su cara. Yo también le sueno a ella.
 
 
¿Qué tal? - me pregunta, - hace tiempo que no vienes por aquí.
 
 
Es el inicio de una conversación. Más bien, leves cimientos de lo que podría ser una conversación. En la mayor parte de los casos, la persona que te habla no busca más que migajas de piedad. Busca ser invitada. Uno, lamentablemente, empieza a saber las reglas del juego. Son pocas, sencillas. Así que lo primero que hago es comprobar si ella está o no consumiendo. Está consumiendo, podemos hablar.
 
 
Hablamos del frío, de las fiestas de Navidad, de la familia ... y terminamos desembocando en nuestras míseras vidas. No puedo evitarlo, la suya me afecta bastante.
 
 
Vamos a suponer que se llama María. Es joven, muy joven; demasiado joven. Tiene tan solo 19 años. Estando sentada junto a mí, puedo ver su extrema delgadez. Sus vertebras lumbares florecen por una espalda semidesnuda. Joder, con el frío que hace.
 
 
Tiene 19 años, y lleva 2 años enganchada. 2 años y ... no podéis imaginar su estado. La cara, como otras mujeres jóvenes, está picada; con puses. María está muy, muy delgada. Y bueno, según parece ahora está mejor, ha vuelto a vivir con sus padres. Una familia 'normal' en un buen barrio de Madrid, por la zona de Ibiza.
 
 
Se enganchó por su novio; él ahora está en prisión.
 
Me cuesta hacerle la pregunta. Es un doble motivo. Quiero preguntar sobre 'cómo' se las apaña para conseguir la droga. Tengo miedo porque la pregunta puede ser molesta, pero más miedo me da la respuesta. Es tan joven. Joder, 19 años.
 
 
María, ¿consumes mucho? - directo, al grano.
 
No, apenas 20€. 2 micras de cada. Hay días que no puedo, y en realidad aguanto. - me dice ella.
 
Tiene la cabeza baja, pero levanta la mirada. Mira fijamente a mis ojos.
 
 
Pero ... ¿Has llegado a irte con hombres por el dinero? - ya está, se lo suelto.
 
No, eso nunca lo haría.
 
 
Su voz era enérgica. Su rostro, sin embargo, acumula cansancio. Quizás no haya dormido, pero su voz ... era plena, directa.
 
Le agarro de una mano, sucia de tizne de la estufa. Le abro la bondad que todos tenemos y le hago ver mi esperanza. Joder María, tienes 19 años. Sólo llevas 2 años en esto. Puedes salir. Es que TIENES que salir.
 
 
Sé que mis palabras seguramente serán huecas, pero le hago ver, le recuerdo, los peligros de tener relaciones sexuales. La drogas, la adicción a la heroína hace que rebasemos aquellas líneas rojas que nunca hubiéramos pensado siquiera atisbar. No la jodas María. Por favor, no la jodas. 
 
Ella asiente, y me asegura que nunca ha estado con nadie. Bueno, hablando con hombres ..., eso si, muchas veces. De hecho ahora mismo, me percato, estamos hablando. La creo, y es que la heroína, en el adicto (varón), produce inapetencia sexual. La lívido la tenemos por los suelos. Ahora bien, en el Poblado no sólo hay adictos a la heroína. Hay más hombres ... son hienas, depredadores. Yo los veo, a veces, con sus coches; merodeando en busca de .... En fin, no hablemos más de esto.
 
 
Cambiamos el tema, pero no puedo ocultar que me siento un poco más aliviado. Me tranquiliza que no se haya prostituido. Seguimos hablando, seguimos consumiendo ... Ella quiere invitarme; yo ya no tenía dinero. Se lo agradezco, de verdad. Pocas veces me han tenido que invitar.  Ella se levanta hacía la ventana.
 
Hay una cosa curiosa, una virtud que escasea en el Poblado. Es la CONFIANZA. Yo lo noto. Lo noto cuando la otra persona se levanta, se ausenta y deja todo junto a ti. Su móvil, sus restos de micras, mechero ... Para mí, es de las pocas veces que me siento más o menos persona. Saber que no expreso desconfianza.
 
 
Pasa el rato y terminamos las micras. Hay que irse, yo al menos debería irme; quizás ella no tenga un horario, o algo parecido a un horario. No obstante, dice que también se va; y me pregunta si puedo acercarla a la parada del autobús; aquí cerca, pasada la rotonda.
 
María, - le confieso - yo apenas he montado a nadie en el coche. Pero si quieres, te puedo acercar a Madrid. De verdad, no lo digo porque me hayas invitado.
 
Claro que sí .. muchas gracias - me dice. Y es ahí cuando veo, en esa pequeña sonrisa, su juventud, su todavía inocencia. Es que podría ser mi hija.
 
 
Salimos a la calle, con un esbozo de sonrisa. Pero, cosas de la vida, acabamos tronchándonos de risa. Al lado del coche vemos un cerdo. Un cerdo vietnamita, suelto. No había nadie junto al cerdo.
 
Joder, - me dice María - ¿Lo metemos al coche?.
 
 
Jajaja. Obviamente era una broma, pero no deja de ser curioso. Otro episodio pintoresco, la dosis de surrealismo que hacen del Poblado un lugar, indescriptible. Cojo el móvil y le hago una foto. Hacer fotos en el Poblado no es la mejor de las ideas; pero no puedo evitar inmortalizar este episodio.
 
 
María me ha dado su teléfono; el fijo de su casa. Quiere ir al cine. Quiere ir a pasear. Quiere ir a visitar Segovia. Quiere todas esas cosas que nunca haremos, porque no somos personas normales. No ahora. Somos yonkies, y como tales, no tenemos planes.
 
Yo le digo que sí, que  llamaré.
 
 
Otra mentira más.
 

domingo, 1 de enero de 2017

Cayó el telón

Tenía mis dudas, pensaba que quizás...
y, efectivamente, algo  se sabía
 
 
 


 
Ha empezado el año. Son las 8:10de la mañana.
 
Hacía muchos, muchos años que no salía en la noche de Fin de Año. Quizás 5 o 6 años.
 
Hoy me animé, me animaron. Mis padres, mis amigos ... yo mismo. Era una bonita sensación. Si, había alcohol; pero no se atisbaba el oscuro horizonte de las drogas.
 
Son las 8:12 de la mañana. A las 7:00 estaba dejando a un amigo en la puerta de su casa, con una bolsa de churros. Un poco más tarde, aparcaba en el Poblado de Valdemingómez. Joder, ¿por qué ha pasado?. Absurda sinceridad, pero inequívocamente, necesaria.
 
 
Comenzó siendo una noche agradable. Los amigos, mis amigos de toda la vida. Y más personas, todos conocidos. Me saludan.
 
¡Hombre!, ¿Qué tal? - preguntan alegres.
 
Algunos, algunas, ya van más que bebidos. No pasa nada, estamos entre amigos. Nos contamos bromas, verdades, rumores, deseos. Hasta que el alcohol y la amistad, lo hicieron. Lo sabía, ... tenía mis dudas pero algo intuía.
 
 
Mi adicción a la heroína, muy pocas personas eran sabedoras del secreto. De mis amigos, ninguno.
 
Nunca lo dije, no quería. La razón, quizás no la sepa.
 
Mis amigos son ... son personas que siempre han estado allí. Para todo, lo bueno y lo malo. Pero, sobre este tema, no quise hacerles partícipes. Era ... era demasiado para ellos. O para mí.
 
 
Sin embargo, a veces, ... algunas veces notaba 'algo' en  sus miradas. Notaba en algunas miradas esa mezcla de sorpresa y miedo. Esa pregunta abierta, sin respuesta. Incrédulos ojos que posan verdades ocultas. ¿De verdad?, ¿de verdad?.
 
 
Hoy, esta noche, sucedió. Hablando de todo, de aquello y lo otro ... finalmente, él, un buen amigo me preguntó.
 
Y entonces - veo que le cuesta seguir - y dime, ¿tu exmujer en el juicio no sacó temas como...?
 
Cómo el qué - le pregunto. (por favor no sigas, no sigas).
 
Como 'drogas' - anota.
 
 
Ya está, por fin se confirma.
 
Lo sabe. Lo saben. Todo el mundo lo sabe. Cuando digo todo el mundo es literal.  Sin más. todo el mundo lo sabe.
 
Le confieso. En parte le cuento, le guío por donde yo quiero que vaya. Vagas respuestas.
 
Hoy no. Estoy algo cansado. Ni por asomo digo la cruda realidad.
Hoy no, quizás otro día. pero hoy no.
Hoy no.
Hoy.
 
Se me ha pasado el pedo en un segundo. Llevaba 4 copas y ... bluff!, se me pasó el efecto de Dionisio. Quedo pensativo. Voy al baño.  Dejo a un lado a Dionisio, empiezo a pensar en Morfeo.
 
Termina la noche, al menos para ellos. Ellos, mis amigos. Unas fotos de recuerdo. Unos churros, un chocolate.
 
 
A las 7:00 estaba dejando a un amigo en la puerta de su casa, con una bolsa de churros. Un poco más tarde, aparcaba en el Poblado de Valdemingómez. No pensaba empezar así el año. Con su dosis de miseria. Comedia de lo absurdo. Y encima, aparte, ... Bueno, otro día lo cuento. El Poblado siempre tiene su ración de sucesos. Siempre.
 
Bienvenido 2017.
 
Bienvenido.