sábado, 26 de noviembre de 2016

La soledad

Cogemos la moneda. La ponemos sobre la mesa
y, ¡¡A girar!!.
 
 


 
Eliges cara.
 
Y sale cruz.
 
 
Son las 3:00 de la mañana. Hace veinte minutos que he regresado del Poblado. Un viernes por la noche y tengo la genialidad de ir al Poblado. De milagro no ha pasado nada. De milagro.
 
A las seis de la tarde, de hoy, comentaba en el anterior post que esta noche no iba a consumir. ¿Veis la realidad?. Aquí tenéis lo que vale mi palabra. Sin engaños, así es.
 
 
Me duele mucho la cabeza. Estoy cansado, muy cansado. Y estoy solo.
 
Schopenhauer, un filósofo alemán, decía:
 
 
“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.”
 
 
La soledad ha empezado a formar parte de mi vida. Quizás sea ahora cuando de verdad me veo así, solo. No me quejo. Tan sólo declaro que es ahora cuando percibo mi presente y, casi seguro, futuro.
  
Nunca he vivido tan solo como estos últimos 3 o 4 meses. Salvo el momento en que voy a comer con mis padres, el resto del día (que no trabaje) me encuentro solo. No sé si me gusta. Creo que lo que me gustaría es poder compartir mi soledad. Es difícil de explicar. Me gustaría poder estar con otras personas sin interferir en sus vidas. Estar ahí, sin generar un problema.
 
Suena ilógico.
 
 
Hace unos días, en el trabajo, tuve que pasar unas horas con un compañero de trabajo. Por regla general, las noches las paso solo (para variar). Ella, mi compañera, empezó a relatar sus últimas aventuras con gente que contacta por Internet. Sonaba como si estuviera un poco cansada de 'lo mismo'. No encontraba ... lo que buscase. Eso sí, me dejó claro que no puede vivir sola. A día de hoy comparte piso con su hermana, y ahora también con su hermano.
 
Yo, le confesé mi soledad. Aparte, y ante su pregunta de si me 'apunté' en alguna página, le hice ver el error que cometí al apuntarme en portales de contactos. Fue un tremendo error.
 
Ella, mi compañera de trabajo, no sabe de mi adicción. Dejando esto aparte, que no es poco, mi vida es:
 
- Trabajar 15 días en turnos de día, noche, fines de semana, festivos...
- De los días que libro, intento 4 o 5 días viajar para visitar a mis hijos. Cada mes.
 
Con todo esto, ¿es justo pretender que alguien comparta su vida conmigo?. Nada menos que su vida. No hablamos de un momento, o ver una película, o tomar una caña. Hablo de compartir una vida.
 
 
Mi ideal de familia, de vida en común, es al menos cenar todos los días con tu mujer, tus hijos. Estar ahí, a su lado. O al menos intentarlo. Es mi ideal, reflejo de una infancia en el lago de mis deseos.
 
¿Yo qué puedo dar?. Déjalo, ya te contesto:  ¡Una mierda de vida!. Es así.
  
Lamento profundamente haberme apuntado a este portal de contactos. Haberme enamorado para al final, después de llenar de basura a una mujer maravillosa, irme como un cobarde. Reconociendo el error, ... hasta debiendo dinero. Debiendo dinero, como un yonkie de manual.
 
 
Me llaman, me escriben WhatsApps, mensajes de texto. Y yo, callado, oculto; escondido en mi cobardía. Afianzando los cimientos de esta soledad.
 
 
“Como el águila, las inteligencias realmente superiores se ciernen en la altura, solitarias”.
 
 
Lo siento Schopenhauer, no me vale esto que dices.
 

viernes, 25 de noviembre de 2016

La multa

Tenía que pasar,estaba claro.
Tenía que pasar; y pasó.
 
 

 

Tarde o temprano me iban a pillar. Se denomina estadística, por probabilidad, varianza, mediana. desviación ... Realmente, se llama: te han puesto una multa. Te han cogido
 
Sucedió hace unos días, justo 3 días previos al viaje. Yo  estaba allí, en el Poblado. Eran las 11:10 de la mañana, una hora ni muy tarde ni muy temprano. Tenía previsto entrar y salir. Ni podía, ni quería estar allí mucho tiempo.
 
 
Daban igual los planes. No pudo ser.
  
  
Eran  pocos los coches allí aparcados. Junto con el mío, cuatro o cinco coches.  Estábamos aparcados cerca de la 'casa'. Yo estaba dentro, esperando a ser atendido, cuando oigo. ¡¡ 'Popeye' !!.
 
En el argot del submundo del Poblado, hay unas palabras que indican que está la Policía. 'Popeye', 'Brutus', 'Olivia' ... Yo, la verdad, no sé a día de hoy su significado exacto. No las distingo. Sólo conozco la relación de esas palabras con el hecho de que la Policía  está justo pasando frente a la casa. Puede ser la Policía Local, Nacional, Secreta, G. Civil; esa exactitud, ya no sabría decir. El caso es que cuando oyes esta palabra, hay que bajar la voz,  y esperar a escuchar: ¡¡ 'Limpio' !!.
 
Ese día la esperada palabra, 'limpio', tardaba en llegar. Pasaban los minutos y nada, que no la decían. Ya me empiezo a poner un poco nervioso y salgo a preguntar.
 
Justo cuando iba a preguntar, abren la puerta y nos dicen que se puede salir corriendo. Yo no quería irme, sólo quería preguntar. El caso es que la marea humana me sacó de la casa, afuera, a la calle
 
Estando ya en la calle, pude ver como los policías iban acercándose a los coches. Se acercaban al coche y hablaban con los ocupantes. Llegados a este punto, yo ya estaba acobardado.
 
Me hago el distraído y me pongo a caminar al lado contrario respecto a donde tenía aparcado el coche. Esperando que se fueran de allí. Como me hicieran soplar, vamos no quería ni pensarlo.
  
Para 'arreglar' más la situación, ese día, en ese momento ... descubrí la ruindad y miseria de aquel gitano responsable de la entrada a la 'casa'. Vi que la fidelidad no existe para ellos, no significas nada.
 
Yo, no quería mover el coche, ni tan siquiera ir hacia donde estaba. Pero al gitano, YO le daba igual. El gitano lo que quería era tener pocos coches junto a su casa. Paradojas de la vida, quieres que te compren, pero no quieres que te comprometan.
 
 
¿Tienes todo bien, maestro? - empieza a preguntar el gitano.
 
Si, claro - respondo - No tengo problemas con el seguro, ni multas, ni nada.
 
Ya - me dice él - Entonces, si quieres, puedes ir al coche y salir.
 
 
Joder, que brillante idea. Ir al coche y salir por el control que habían montado. Vamos que es evidente que no existe excusa alguna. Arrancaría el coche y en apenas 10 metros, me metería en un calvario de pruebas de drogas, pérdida de puntos, ...Joder, ¿Cómo coño me dice esto?
 
 
Entonces, ¿no tienes prisa hoy? - sigue insistiendo - porque si tienes todos los papeles, puedes salir.
 
Ya, ya ... no te preocupes, hoy no tengo prisa - le contesto.
 
 
Y era mentira, ese día se me juntó todo. Tenía que haber salido de allí hace media hora al menos. Joder, no se van. Encima ... joder, encima viene una grúa. ¡Madre mía!.
 
Me fui andando de allí. Creo que era la primera vez que me movía por el Poblado sin la virtual seguridad del coche. Lo tuve que hacer porque no sé si podría seguir aguantando al gitano de la puerta. Yo, tengo una personalidad dócil. Si el gitano hubiese seguido insistiendo, al final me hubiera montado en el coche; derechito al 'suicidio'. Así que opté por hacer tiempo y regresar pasado unos minutos.
 
 
 
Cuando volví, todavía estaba la Policía. Pero no quedaba más coche que el mío. El mío y el furgón de la Policía. ¿seré yo el siguiente?. No, espera. Parece que se van. ¡¡Si, se van!!.
 
 
Empiezo a respirar.
 
 
El gitano, ahora que parece que la Policía se marcha, empieza a decirme que hice bien en esperar. Argumenta que lo anterior me lo dijo por si tenía problemas con el seguro, etc ... que entonces la Policía no se iría así como así y, claro, el negocio. El puto negocio.
 
 
Bueno, ya me voy - le dije - Gracias. - siempre agradeciendo, a unos y otros. Siempre aguantando de todos. Sea quien sea.
 
 
Yendo al coche, un machaca que estuvo cerca de todo aquello me dijo que menos mal que no cogí el coche. A todos los conductores les hicieron tests de drogas. Dos coches se los llevó la grúa.
 
 
Has hecho lo mejor - me dice con media sonrisa, o eran los dientes que le quedan - Te has librado de una buena, amigo.
 
 
Estoy como en una nube. Ya no está la Policía, pero no sé si estarán en la entrada de la rotonda. Tengo otra vez esa sensación de miedo, un miedo que me hace sentir un frío interno. Acoplado en los huesos, en las células. Un frío determinado por el miedo, por mi debilidad. Se me encoge el estómago. 
 
Finalmente me monto en el coche, hay que irse de aquí ¡ya!. Y es ahora, justo ahora, justo cuando estoy dentro del coche, cuando me doy cuenta de aquel papel amarillo. Es una multa.
 
La multa está parcialmente rota. No aprecio a distinguir el motivo. Tampoco el importe logro distinguirlo con claridad. Creo que son 200€.
 
 
200€. ¿Cómo voy a pagarlo?.
 
 
En fin, ya veré como lo hago. Lo primero es salir de allí. Además, creo que es justo, me lo merecía. Y, por supuesto, pudo ser muchísimo peor. Otra vez suelto mis pensamientos a lo más negativo. Da igual, la heroína está vacunada frente a los problemas. Ella puede con todos, es la Reina de los problemas.
 
Esto que me aconteció, la multa, hizo que parara de consumir por 11 días. No recuerdo la última vez que estuve este tiempo sin consumir. Me he sentido bien, muy bien en este periodo. He llegado, bueno casi he llegado económicamente a fin de mes. Tiene tan buena pinta la vida sin heroína. Merece la pena. Realmente merece la pena estar en la vida, ser parte de ella.
  
11 días duró. Hoy, aquí estoy. Vuelves a consumir, por el más nimio de los motivos. Por la falta de esperanza, de apoyo; digamos, por todo un poco. No obstante, no quiero tirar todo y recaer a lo bestia. Hay algo en la recaídas, en su bajada a los infiernos, que parece que dispones de bula para consumir sin parar, para destruirte rápidamente. A todos les pasa, a mi también.
 
Pero no. No esta vez. He vuelto a consumir, vale así ha sido. No lo puedo negar, pero  mañana no tengo porque consumir. Ni esta noche. Sé que no va a pasar; que puedo parar y empezar a juntar días. Intentar ir enlazando días, con la fragilidad de una voluntad quebrada, sin ilusiones. Es así, pero algo puedo conseguir. Por poco que sea, 1 día: es una victoria.
 
 
 
Tengo mis libros, mis películas, mi chimenea, mis sueños, mis recuerdos. Me tengo a mí. Hoy toca cuidarme.
 
 
 
 

domingo, 13 de noviembre de 2016

En respuesta a ...

En respuesta a mis preguntas, a la de otros
y a la tuya: Invitada.
 
 



Hola Invitada,
 
Gracias por escribir. De verdad te lo digo.
 
He leído el artículo. También he pensado sobre tu pregunta, sobre si me considero un enfermo. Te voy a narrar un poco, sobre mi pasado, sobre como era yo. Quizás ahí se encuentren algunas claves. No quiero que suene a pedantería, pero algo en mí es distinto a otras personas. Una de estas diferencias es mi forma de pensar, y entre otras facultades mi, vamos a llamarle, intelecto. Lo que quiero, con esto, es plasmar que no tiene nada que ver el grado de formación, o las capacidades intelectuales para caer en esta adicción.
 
 
Recuerdos de mi infancia tengo pocos, muy pocos; y no sé la razón. Recuerdo a mis padres volcados con mi hermano, en sus tareas, en el día a día escolar, para que mal que bien pudiera ir aprobando. Yo en cambio iba por libre. sacaba casi todo sobresalientes y notables. Me daba lo mismo matemáticas que latín, me gustaba todo. También el dibujo. Gané un premio nacional de pintura, me gustaba y me gusta dibujar. Otra cosa que se me daba bien era la música. Participé en un disco, en un estudio de grabación profesional para una editorial de libros muy famosa. Así era mi infancia. Una infancia muy feliz, sobretodo por ver como llenaba de alegría a mis padres; o al menos equilibraba la balanza. Yo, en realidad, no le daba mucha importancia a todo aquellos, y apenas he hablado sobre esto.
 
Cuando entré a la Universidad, empezaban planes nuevos. Yo no tenía nada claro que estudiar. Me gustaban demasiadas cosas. Tampoco tenía la típica idea de: "Yo de mayor quiero ser ..." 
 
Sin saber muy bien la razón, elegí una ingeniería. Cuando entré a la Escuela, en primero lo comenzamos 300; al terminar, en quinto, éramos 14. Sólo 14 personas fuimos a curso por año. Podéis imaginar el nivel de esas clases. Un nivel altísimo, dado que para los profesores 14 alumnos por aula era un privilegio. Aparte, los alumnos estaban muy motivados,  volcados al cien por cien en la carrera.
Bueno, en realidad 'no todos' estaban volcados en la carrera. Estaba yo, que 'compaginaba' trabajar con los estudios. De noche trabajaba en unas empresa de redes de comunicaciones. Era una especie de 'técnico de nivel 1'. Trabajaba por las noches, de 23h a 7h. Luego cogía el Vespino y directo a clase. Dormía 3 o 5 horas, depende si tenía laboratorio. Me eran suficientes.
 
Total que acabé con una ingeniería técnica y luego una ingeniería superior. También tengo la mitad del grado de Químicas, pero eso es otra historia.
 
 
Sé que no soy superdotado; porque en la escuela tuve a un compañero superdotado. Acabó siendo mi compañero de laboratorio. Pocos querían estar con él, y conmigo tampoco, porque al trabajar de noche tampoco tenía mucho tiempo para preparar las prácticas de laboratorio. Así acabé con este compañero que, seguro, era superdotado. Y créedme, se nota. Se nota principalmente en la complejidad, en su mundo. Un mundo tan distinto al nuestro, que en cierta manera me tranquiliza ser normal.
 
Así era yo. Más o menos como todos, pero muy inquieto a la hora de saber, conocer nuevas experiencias. Con miles de ideas en la cabeza. Sólo buscaba enriquecerme descubriendo por mí o por medio de otros; por raras que fuesen o pareciesen, para mi tenían su importancia.
 
 
Terminé los estudios y pasé pruebas para trabajar en Intel, en Irlanda. También pasé los cortes de las principales consultoras de ingeniería... Rechacé todos esos trabajos. Los rechacé porque me salió la oportunidad de trabajar en Vietnam, me cogieron porque hablaba francés.
 
 
En resumen, justo antes de conocer a mi exmujer, me veía como una persona que conduce a 300km/h en autopista, con un Ferrari. Mi vida no era salir con los amigos hasta las tantas, o practicar deportes, o hobbies. Mi vida en aquel entonces era, sobretodo, aprender y aprender. Fuera lo que fuera.
 
Nunca tuve novia hasta antes de casarme. Mi primera novia fue mi mujer. Tendría casi 27 años en aquel entonces.
 
A ella, a mi exmujer,  no quiero reprocharle nada. Pero me cambió por completo mi vida. Digamos que tiró fuertemente del freno de mano, de aquel coche que iba a toda velocidad. Pienso que no salió bien. Mis excentricidades, mi forma de ser ... chocaban frontalmente con ella. Éramos totalmente incompatibles. Pero yo no pude dejarla tirada; porque ella aquí no tenía nada, ni nadie. No tuve valor. Y lo pagué, lo pagamos, muy caro.
 
 
Antes de la heroína, entraron en mi vida otras substancias 'legales'. Eran medicamentos que me hacían la vida más ... digamos que compatible con el status que marcaba mi matrimonio.
Yo era plenamente consciente de lo que eran, de sus efectos. Sabía perfectamente que era un receptor opioide, su relación con la dopamina. Su posible adicción. Toda la teoría le sabía al dedillo.
 
Me faltaba la práctica.
 
 
La práctica es el infierno. Un infierno que duele, por dentro y por fuera. Que arrasa con la belleza de la vida; de la tuya y de los demás.
 
 
No sé como parar. Y quiero parar. Créeme que quiero parar, pero ... hay que personas que dependen de mí. No pretendo escudarme en ello, pero es así. 
 
No puedo dejar el trabajo, sencillamente no puedo dejar el trabajo e ingresar en un centro. Mis hijos dependen en gran parte de la pensión que les envío.
También están mis padres, ya mayores. Una noticia de estas, les hizo un daño terrible. Otra vez, no sé si podrían soportarlo.
 
Así que ... busco, a mi manera, algo que me atrape, que me apasione de tal forma que me olvide de todo. Que me nuble las noches, que me haga dedicar todo mi tiempo.
No sé que es ... pero tiene que existir, lo presiento. Lo necesito.
 
 
En unas horas salgo a ver a mis hijos, con miedo, con inquietud. Cada viaje es un reto, en todos los sentidos.
 
 
Muchas veces, he pensado en dejar esta vida. Ahora, un poco menos ... pero es duro ser como soy. No quiero ser así.
 


 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Exceso de carga

Unos lo llaman 'sus circunstancias', otros 'la mochila;
yo lo denomino: una  carga.
 
 





Acabo de regresar del Poblado. Sigo, más o menos, un consumo con intervalo de 4 o 5 días. Hoy me miento, fueron más bien 3 días; es lo de menos.
 
El caso es que, como siempre, tuvo que suceder 'algo' que te hace recordar el verdadero significado de ir a pillar a estos sitios. La nebulosa de peligro que siempre acecha, y aunque creas que no te pillará, es solo cuestión de tiempo y suerte. En el caso de hoy, fue la Guardia Civil, paro al coche que iba 2 por delante de mí. Ni os imagináis la de circunstancias que hubieran hecho que yo fuese el 'afortunado, en vez del otro coche. Desde estar medio minuto más, pasando por hablar con alguien, o que te 'despachase' más rápido...; en fin, otra vez salí de ésta.
 
 
Y sí, termino reflexionando. La reflexión de hoy, me ha llevado a pensar sobre que me acontecería si me parasen, si me pillaran.
 
 
Os comenté que he dejado a Irene. Sé que es un error enorme, de cara a mi hipotética curación. Pero, para ella, es lo mejor.
 
Por mucho que el amor, los sentimientos y hasta el deseo pudieran significar un puntal importante en una relación, la realidad es que mi adicción eclipsa todo lo demás.
 
Pongo el ejemplo, hoy me para la Guardia Civil. Te hacen el test de drogas; das positivo. Creo que, de momento, queda el coche inmovilizado y, o bien viene la grúa, o bien llamas a una persona. Yo hubiera llamado a Irene. La cual tendría que venir con su hermana, dejar los hijos con alguien,... y suma y sigue.
 
Su familia, externamente, se mostraban encantadores conmigo. De hecho, podría asegurar que sus palabras eran verdaderas. Me apreciaban, y comparándome con su ex-marido ...; en fin, se supone que no teníamos nada que ver.
 
Pero, no lo olvidemos ... soy un drogadicto.
 
 
Esta semana, hará 2 o 3 días, daban la noticia de un violador en las islas Canarias. Se le asociaba al caso del niño, aún desaparecido, Jeremy Vargas. Este sujeto, un hombre de unos 50 años, está actualmente siendo juzgado por una presunta violación a un menor hará unos años. Le engañó para que entrase en su chabola para, con la promesa de una bicicleta, presuntamente abusar.
Bien, a este hombre le clasifican como vagabundo, sin recursos, delincuente por robos, mala pinta y ... ¿adivináis? drogadicto.
 
 
Cuando yo fui al CAD (Centro Ayuda Drogadicción), me dijeron, nos dijeron, que yo era un enfermo. Las personas con adicción, se supone, somos enfermos. Por tanto, la definición que por la radio hacían a este hombre, bien podría haberse cumplimentado con una enfermedad cualquiera. Es decir, es un  vagabundo, sin recursos, delincuente por robos, mala pinta y padece de próstata; o hemorroides.
 
¿De qué sirve negarlo?. Un drogadicto es una persona que genera rechazo. Es así, y lo entiendo.
 
De ahí que, al final, siento que a Irene y a su familia, les he quitado un peso de encima. Mi problema es una carga, un exceso de carga que injustamente haces que otros carguen con ella.
 
 
Hoy, .. joder, estos días tan tristes no puedo con ellos. Máxime cuando me veo solo, fumando una pipa de caballo mientras veo la jornada electoral en los Estados Unidos. Todo un sinrazón, una mentira a la ilusión que fue enterrada entre los charcos. Los charcos del Poblado.
 
 
 

martes, 1 de noviembre de 2016

Reflejo

No quiero que se olvide,
tomo nota de mi  locura.
 
 





 
Unas líneas, breves pero contundentes.

"Drogadicto mal curado, alcohólico asegurado!

Desconozco la autoría de dicha afirmación; ahora bien, sabía de que hablaba.


Hoy salgo con los amigos, los de siempre. Amigos que están y estarán siempre ahí; amigos de verdad. hemos bebido, hemos reído y bromeado.

¿Cuál fue el final?. Todos borrachos. Yo también, salvo que hemos de añadir que volví a consumir. El lote completo. Ni el puto alcohol ganó la batalla.

Cada día me odio un poco más, no lo puedo remediar.

lunes, 31 de octubre de 2016

Cambio de rumbo

Tengo la libertad de elegir,
de tener un rumbo para mi vida que no sea el  equivocado.
 
 




 
Hoy he contestado a Irene sus mensajes. Me cuenta que la desprecio; tiene razón.

No obstante, prefiero que piense que la desprecio a que de nuevo forma parte de la mierda de vida que llevo. ¿Cómo pude consentir que nuestra relación llegase tan lejos?.

Es una mujer tan buena, tan sumamente bondadosa. Nunca he conocido nadie así. No es una exageración, es que NUNCA he visto nadie tan buena persona. Con todos.


Y yo ... el demonio.

Acabo de regresar a casa, me pasé antes por el Poblado. Cuando llegué a la casa donde compro, todavía no habían abierto. Estaba cerrado, y aunque surgió una mínima opción a marcharme de allí. A no plegarme al impulso de consumir. No me fui, esperé a que abrieran.

Lo peor de todo, y me sorprende, es la evolución que he experimentado frente al Poblado, frente a estar allí.

Las primeras veces, ni imaginar el terror por cada segundo que permanecía allí.  Pensaba que del Poblado no se salía vivo, me robarían, tendría problemas, algo habría de acontecerme ... Dios sabe las cosas que se me pasaban por la cabeza. Pero pasan los días, y los meses, y hasta los años.  Aquí estoy,  sentado,  hablando con gente que ya conozco; y que, a su vez,  me conocen. Pensarás que socialmente estamos en las antípodas. Por no hablar del entorno laboral o de formación académica. Pero allí estoy. Tranquilo, incluso me encuentro a gusto.

Te encuentras compartiendo unos momentos del día con personas que saben de tu problema. Lo saben porque lo viven. Compartimos los lamentos, quejidos huecos. Sollozos injustificados, rotos por la mínima veracidad a que fueren expuestos. A que fuesen analizados.

Tomo nota: "Tengo que cambiar el rumbo". Porque  así, voy a la nada; con nadie a mi lado.


sábado, 22 de octubre de 2016

Mis límites

Piensas que eso no lo harías;
justo un momento antes de realizarlo.
 
 



 
Todos tenemos límites. Vienen marcados por la educación, tus costumbres, tus hábitos, ... o simplemente tu estómago. Sin embargo, podéis intuir que una adicción modifica tu vida hasta el punto de descubrirte haciendo lo que jamás pensarías que llegarías a realizar. Aquellos límites se desdibujan en nada, quedan convertidos en un borrón sobrepuesto a tus necesidades. A tu necesidad.


Empiezo actualizando mi situación. Todo más o menos igual; si bien quizás realizo un consumo más espaciado. Pudiera ser obligado o forzado por la situación económica. Bueno, en cualquier caso, mejor así; ya sabemos que si realmente te viene la idea de pillar, acabas pillando ... ¿el cómo lo hagas?. Da igual. Acabas pillando.

Una de cal y muchas de arena. Lo del consumo espaciado, es bueno. Pero hay una cosa de la que estoy muy hecho polvo. Llevaré como 2 meses que no hablo con Irene. He querido cortar la relación con ella. Me siento muy mal, pero ella ... Todavía me escribe al WhatsApp; yo no la contesto. Tengo la esperanza que, con el tiempo, ella dejé de pensar tanto en mí. Por completo, es imposible. Es imposible olvidarla, ver y reconocer como estuvo pendiente de mi TODOS los días. Se dice pronto: TODOS LOS DÍAS.

Nunca nadie ha estado tan pendiente, tan a mi disposición. Y, bueno, no podía seguir así. Ella no se merece un problema tan grande como el mío. Siempre lo pensé, que fui un cobarde y un egoísta. Nunca tuve que dejar que alguien me conociera, que se llegase a enamorar. Lo tuve que haber parado desde el primer día. Y no lo hice. Aún confesando mi adicción, ella todavía me quiso con más fuerza, con más ímpetu. Soy un miserable.


Espero que Irene deje de sufrir por mí. El tiempo, la distancia, ... harán por ello.


Me he quedado, más o menos solo. Lo que es peor, las pocas personas que saben mi adicción, son a su vez adictos. Y esto, esto no es nada bueno. Es una bomba de relojería.


Hablemos de los límites. Pues una de estas personas, en su día, me confesó situaciones que le acontecieron en su peor época. Cuando estaba enganchada al caballo pero de pleno.

Esta mujer hoy tendrá 57 o 58 años. Ha recaído después de casi 25 años sin consumir. A los 55 años.

Bueno, no entremos en esto, que de por si es ya ... En fin, lo que quería contar es parte de los límites que rebasó en aquella etapa. Hoy, la ves que se cuida. Su alimentación equilibrada. No bebe alcohol. Sus zumos. Su andar pausado, tranquilo.

Una vez quedamos en una ciudad distinta a la nuestra. Alquilamos una habitación de hotel. Teníamos necesidad de hablar. La noche fue larga en historias, todas ellas muy tristes. Pero, a pesar de nuestra adicción, pude comprobar su verdadera obsesión por la limpieza, por la higiene. ¿Somos normales?. Ella me confiesa que en aquellos años....

Aquellos años era 1980. Ella con apenas 17 o 18 años. Se pinchaba heroína en vena. Heroína de los 80; algo muy, muy distinto a lo de ahora.

17 años. 1980. Consumo por vena ... Todo aquello tuvo que ser un verdadero infierno. La gente que no haya consumido, por más que quiera, no podrá imaginar el día a día. Es imposible. Ni siquiera yo, que he sufrido algún síndrome de abstinencia, puedo llegar a sentir como es un 'mono' en aquellos tiempos y bajo aquellas circunstancias.

Quienes me conocen, saben que soy una persona que escucha. Que escucho sin juzgar, con la intención de ver que puedo hacer. Y si no se puede hacer nada, al menos saben que pueden confiar en mi; igual que yo confío en ellos. Cuando me contó que tuvo que prostituirse, la verdad es que no me pareció algo inusual. Tuvo que ser muy fuerte. De hecho, yo no sé como se puede ser capaz. Aparte que, no nos engañemos, las relaciones sexuales que un adicto puede tener distan mucho de la película Pretty Woman. Pero esto, el que me contase que se prostituía ... ni vio un excesivo asombro por mi parte, ni tampoco observé que le costase mucho contármelo. Ni la juzgué, ni jamás fue ni será peor ni mejor. La quiero, la estimo, la aprecio muchísimo.

Pero, hay algo más. Hay un límite que .. esto si me dejó tocado. Me hizo ver hasta donde puedes llegar.

Me contó como una vez estuvo arrestada. Imaginad. Pasan las horas, una, luego otra. Cuentas y van cinco, van seis ... Ya viene. Ya lo sientes. Empiezas a sentir nerviosismo. Te empiezan a llorar los ojos. Comienzas a moquear; para al final desembocar en todos y cada uno de los síntomas de una abstinencia por opiáceos. Tuvo suerte. Suerte de verdad, le soltaron a la calle cuando ya venía lo que venía.

Corriendo a pillar. Corriendo a ponerse. ¿Dónde?. Donde sea. El primer baño, del primer bar. En aquella ciudad de los 80s. Aquellos baños.

Tiene todo: la papelina (en aquella época eran papelinas), la jeringuilla, el mechero, el tapón... ¡Ostia, el agua!. No funciona el lavabo. No hay agua. No hay agua. ¡Joder no hay agua!.

Toma papel y lápiz; y apunta: Lo hizo. 

El lavabo no tiene agua, pero el retrete si tiene agua. El agua no está limpia; pero da igual. Metes la jeringuilla, sacas 'aquello' y se inyecta su dosis para ser normal. Simple y llanamente para poder ser la mínima expresión de ti.

Esto, esta historia si que me dejó mal. Terminó llorando, como la niña que sigue siendo. Nos abrazamos, ... en silencio. No es justo. La vida no es justa.



Y que más límites quedan por rebasar.

No son los 80. Ni me pincho heroína. Yo la fumo, en una pipa de metal.

Cuando se te ha acabado, cuando te has fumado todo, en la pipa quedan unos restos que te 'invitan' a un viaje más. Cortesía de la casa.

Para ello tienes que limpiar la pipa y volver a fumar lo que obtienes. Lo llaman 'madre', o eso creo.

Mi método de limpiar la pipa es introduciendo un trozo de papel higiénico, servilleta, un kleenex... hago un tapón, se calienta y empujando sacas lo que hubiera.

A mí, también me llegó mi día. Después de terminar de fumar, sientes que necesitas más. Sabes que puedes tener una última pipa de los restos.

Estás en un parking, al aire libre. No hay nada ni nadie. No hay un baño y en el coche no ves ningún paquete de kleenex. ¡Joder!. Empiezas a ponerte nervioso. No encuentras nada. Buscas en el suelo, en el maletero, en los laterales. No hay nada.

Lo ves. Al final, ves la solución. Sin pensar. Simplemente, lo ves.

Lo que ves es un kleenex tirado en el suelo. No es tuyo, está arrugado y usado. Por su textura lleva tiempo tirado, pues se deshace un poco al manipularlo. No lo piensas. Coges un trozo, haces el tapón y obtienes tu ticket para montar otra 'vuelta'. Otro viaje. Oyes la música.

En la mano, restos de miseria.

En la mente, un límite menos. ¿Quién empiezas a ser?